Hasta el infinito y | En este artículo quiero relacionar dos de los campos más importantes que se encuentran presentes en nuestra vida, desde el comienzo hasta el fin.
En este artículo quiero relacionar dos de los campos más importantes que se encuentran presentes en nuestra vida, desde el comienzo hasta el fin. Me refiero a la nutrición y a la psicología, factores que determinarán en gran medida nuestra calidad de vida, para bien o para mal, según el compromiso que adquiramos con ellos.
Dieta mental, alimentación, psicología, responsabilidad, liderazgo, coaching, amor,
57195
post-template-default,single,single-post,postid-57195,single-format-standard,qode-core-1.2,woocommerce-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,pitch-ver-2.1, vertical_menu_with_scroll,smooth_scroll,grid_1300,woocommerce_installed,blog_installed,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.5,vc_responsive

Dieta mental, ¿soy de bellota?

En este artículo quiero relacionar dos de los campos más importantes que se encuentran presentes en nuestra vida, desde el comienzo hasta el fin.

Me refiero a la nutrición y a la psicología, factores que determinarán en gran medida nuestra calidad de vida, para bien o para mal, según el compromiso que adquiramos con ellos.

 

Ya sabemos  que somos lo que comemos. son muchos los esfuerzos que se han hecho desde distintos ámbitos para inculcarnos la importancia de una alimentación equilibrada, qué alimentos tomar, cuáles no, cuándo hacerlo…, pero es probable que nunca hayamos reparado en que por los mismos motivos, somos lo que pensamos.

 

Por ello muchas personas se sienten perdidas en lo que a su dieta mental se refiere. No saben cómo modular su nivel de bienestar porque nadie nunca se lo ha enseñado, desconocen  cuál es  la correcta “alimentación”, para ser de bellota, si se me permite el símil. En el aspecto psicológico, igual que con la alimentación, podemos decidir cambiar y comprobar los resultados que esos cambios producen,  si somos constantes y mantenemos una buena disciplina. Con esto quiero decir que se pueden conseguir grandes cambios, que nada es para siempre si se decide lo contrario y que solo hay que estar dispuesto a luchar por ello.

 

A la hora de tomar decisiones, uno de los factores que más influyen y enlentecen el proceso,  es el miedo a perder lo tenemos antes de iniciar el cambio.

 

Aunque dicho así resulte extraño, lo cierto es que debido a cómo funciona el cerebro, tratando del modo que sea de ahorrar energía, tenderemos a mantener el statu quo porque eso es lo que menos gasta. Preferiremos  jugar siempre en terreno conocido y evitaremos los cambios siempre que podamos, aunque nuestro nivel de malestar sea alto, aunque nos sintamos tristes y desgraciados. ¿A qué nos lleva esto? A que generar un cambio se torna una tarea muy difícil.

 

Tendremos que utilizar la fuerza de voluntad y sobre todo, tener claro el objetivo que queremos conseguir cambiando nuestra dieta emocional. Hacer las cosas por hacerlas, nunca genera un resultado duradero y óptimo, hay que tener  razones de peso que apoyen la causa. Si queremos ser “de bellota”, debemos tener la mejor dieta porque como todos sabemos cuanto mejor sea la alimentación, mejor será el producto y si ese producto es nuestra calidad de vida, debemos preguntarnos: ¿hay algo más importante que nuestra propia vida? ¿qué valor le damos?

 

Ser de bellota aumentaría mucho nuestro valor de mercado, volviendo al símil del jamón de bellota,  es el de mejor calidad, y no es por casualidad, sino por la alimentación y cuidados que reciben los animales.

 

Del mismo modo, si tuviéramos una dieta integrada por las cantidades adecuadas de agua, proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales y grasas, todas de la mejor calidad, veríamos el mundo de otra manera. Esto es así, porque  los nutrientes que recibiríamos, aportarían lo que nuestro cuerpo necesita para mantenerse vivo, sano y desarrollarse con normalidad. Cuando alguno de estos nutrientes falta, el cuerpo lo acusará antes o después y nosotros sufriremos las consecuencias en forma de enfermedades.

 

Y es en ese momento, cuando aparecen los problemas, cuando nos ponemos a buscar soluciones, soluciones que a esas alturas tienen que ser drásticas  porque ya no hay tiempo ni espacio para maniobrar y negociar por nuestra vida.

 

Lo que quiero decir es que, en la mayoría de las ocasiones, hasta que el problema no se ha manifestado y nos pone entre la espada y la pared, no estamos dispuestos a introducir cambios en nuestra vida.

 

Si llevamos esta situación al plano psicológico, el funcionamiento es idéntico. Según sean  los pensamientos que introduzco en mi sistema nervioso cada día, según sean las interpretaciones que hago de las circunstancias y personas que me rodean, llegaré a un estado mental u otro, un nivel de bienestar más alto o más bajo.  En este proceso contamos con la ayuda de nuestra fisiología: por nuestra manera de movernos,  de caminar, nuestra expresión facial y la respiración.
Utilizando estas ayudas, de manera casi instantánea podemos llegar a producir un cambio en nuestro estado mental que precede al pensamiento que éste genera. Es decir, según sea nuestra actitud corporal tendremos un pensamiento u otro, y según pensemos así nos sentiremos.

 

¿Cuál es el último paso? Que según cómo nos sintamos, desarrollaremos una conducta u otra y cuidado con esto, sea cual sea nuestro comportamiento, si lo realizamos durante mucho tiempo, generaremos un hábito.

 

Os invito a que reviséis todos los pasos para tratar de asegurar que estáis viviendo acorde a lo que queréis. Solo así podréis sentiros responsables de vuestro nivel de bienestar y entonces estaréis en condiciones de poder aumentarlo si lo creéis conveniente.

 

Igual que en la dieta,  en el plano psicólogico podemos actuar antes de tener un problema y podemos empezar por cuestionar el famoso “yo soy así”.

 

El objetivo de llevar una buena dieta mental, el objetivo de ser de bellota, no es otro que tener una vida lo más plena y tranquila posible, sabiendo que estoy haciendo lo correcto para conseguirlo. Nada pasa por casualidad, hay que hacer que las cosas sucedan, haciendo lo correcto.

 

Si no cuidamos nuestra dieta mental y nos dejamos llevar, podemos llegar a sentirnos muy mal, estancados, infravalorados, con miedo, llenos de dudas, etc. Esa situación se convertirá en nuestra zona de confort y, aunque resulte difícil de creer, será muy difícil salir de ella.

 

Echo en falta, en el ámbito de la psicología,  la prevención. Me refiero a adquirir los recursos necesarios para afrontar la vida, conocerse a uno mismo y dejar de lado la impulsividad que tantos perjuicios supone para quienes se someten a ella.

 

Llegados a este punto, seria bueno reflexionar sobre la inversión que hacemos a diario en el cuidado de nuestra alimentación y de nuestro  bienestar psicológico, en ese trabajo de adquirir recursos y habilidades psicológicas que nos preparen para realizar los cambios q necesitemos hacer en nuestra vida.

 

Es probable que nos demos cuenta de que esa inversión es muy baja o incluso inexistente. Veamos ahora ¿cuál  es la inversión que hacemos en otros aspectos mucho menos importantes como la ropa, la electrónica, belleza, etc.?

 

Este comportamiento se debe a que no establecemos prioridades y a que la presión social suele dificultar el que distingamos lo importante de lo que no lo es tanto.

 

Nos limitamos a seguir instrucciones que nos llevan por el camino socialmente establecido: madruga, trabaja duro, ve a casa, duerme y mañana otra vez igual. Nos fijamos mas en la tarea que en el resultado que queremos obtener. ¿Es así como quieres seguir toda tu vida?

 

Este desequilibrio entre la percepción de nuestros recursos y la percepción de la exigencia del entorno hacia nosotros, hace que lleguemos a sentirnos completamente inútiles y  que levantarnos cada mañana sea un esfuerzo  titánico porque carecemos de un buen combustible físico y psicológico.

 

Por el contrario, si inclinamos esa balanza hacia nuestro bienestar y hacia una excelente calidad de vida, desarrollaremos una  confianza  y  una seguridad tan firmes en nosotros mismos y en nuestros recursos que nada ni nadie podrá interponerse en la consecución  de nuestros objetivos.

 

¿Hacia qué lado se desequilibra tu balanza? o mejor dicho, ¿qué haces cada día para inclinar la balanza hacia donde te conviene?

 

Si no nos cuidamos física y psicológica mente, estaremos comprometiendo el combustible que hará posible el cambio; que nos llevará a un estado de bienestar psicológico y a una calidad de vida que de otro modo nunca alcanzaremos.

 

¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por vivir esa vida impuesta que no sentimos, y que llega a asfixiarnos física y psicológicamente?¿Cuánto tiempo más aguantaremos antes de cambiar?

 

Solo si asumimos la responsabilidad de la situación en que estamos,  de nuestros actos, de nuestras decisiones, solo así podremos lograr el cambio.

 

 

Nada ocurre por casualidad. Haz que pase.

 

Arturo Gracia Sañudo

Psicólogo-Coach

 

arturo gracia About the author
Comments:
  • Asunción
    Responder

    Me ha gustado mucho el artículo.
    Muy interesante la comparación entre la dieta física y la mental.
    Muy claro el contenido y fácil de entender.
    Aunque lo que más me gusta es la energía q desprende, parece posible hacerlo y yo me pongo a ello.
    Gracias .

    octubre 18, 2018 at 6:51 pm

Leave a Comment: