Hasta el infinito y | Seguro que a vosotros nunca os ha pasado, pero quizá conocéis a alguien que sí.
Una circunstancia ajena a nosotros hace que perdamos el control y acabemos siendo arrastrados en su mismo sentido porque “es muy difícil, es complicado, poca gente lo hecho, sería un milagro, tampoco es tan importante, ¿y si saliera mal?”.
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Seguro que a vosotros nunca os ha pasado

Seguro que a vosotros nunca os ha pasado, pero quizá conocéis a alguien que sí.

 

Una circunstancia ajena a nosotros hace que perdamos el control y acabemos siendo arrastrados en su mismo sentido porque “es muy difícil, es complicado, poca gente lo hecho, sería un milagro, tampoco es tan importante, ¿y si saliera mal?”.

 

Podría estar enumerando citas textuales que todos hemos dicho alguna vez y que por desgracia muchos no dejan nunca de utilizar y que por lo tanto, se les complica la labor de encontrar su objetivo en la vida.

 

Para entender mejor la situación quiero usar una metáfora que llamaré “del chapoteo”. Cuando una persona se encuentra en una piscina, un lago, embalse, etc. que no tiene corriente, es agua estancada que no ejerce sobre ti ninguna fuerza, con chapotear un poco, te mantienes a flote. En este caso, aunque tengas pocos recursos nadie lo va a notar, las circunstancias son favorables y pasarías desapercibido. Esta parte puede coincidir con lo que se denomina “zona de confort” en la que tienes todo controlado y aunque no seas extremadamente feliz ni exitoso, puedes sobrevivir y cumplir con lo mínimo que te pide la sociedad.

 

Si esa presión no se fuera acumulando, no habría problema y las personas podrían quedarse chapoteando tranquilamente, aunque agobiadas toda su vida, no hay prisa. El problema está en que esa presión se acumula, nos hace sentir que no estamos haciendo lo correcto, que otras personas están creciendo y superando sus miedos, que quizá la gente empiece a hablar de nosotros porque nos conformamos con cualquier cosa y que así no se debe vivir.

 

La consecuencia de esto es que cuando nos hace llegar al umbral del dolor, es decir, a sentir que sufriremos más permaneciendo estáticos que si tomáramos la decisión de cambiar y crecer, se produce una explosión en forma de impulsividad que nos hace querer meternos en lugares para los cuales todavía no estamos preparados como podría ser un rio caudaloso y embravecido. Ante tal situación, el fracaso y el miedo se apoderan de nosotros y ocurre lo siguiente: “ya sabía yo que no podía con esto, quién me manda a mi pensar que podría ser feliz y exitoso, eso no es para mí, de hecho, no creo que exista”.

 

¿Cuál es el problema? que esa persona no ha seguido los pasos adecuadamente para llegar a ese crecimiento tan deseado porque la decisión no ha salido de ella sino de la presión externa.

 

Si queremos que las circunstancias no nos zarandeen a su antojo, debemos cargarnos de recursos, tomar una decisión y dejar de lado cualquier otra posibilidad que no sea esa y que nos pueda hundir. De esta manera, podremos enfrentarnos a un río salvaje que baje con fuerza y lleno de rocas porque, aunque no veamos el fondo, ni siquiera nuestro cuerpo, sabemos lo que debemos hacer para salir de esa situación y, además, obtener una gratificación porque ya no nos vale con sobrevivir, sino que queremos disfrutar de cada instante que nos de la vida, por muy mal aspecto que tenga en un principio.

 

Es posible que alguien esté pensando que la idea es buena pero que no es real. Lo entiendo y en parte llevaría razón, sin un entrenamiento previo y estricto jamás podrás evitar que un río salvaje y bravo no te arrastre. Si no se toma la decisión de poner fin al victimismo, de dejar de sufrir y de empezar a perseguir todo aquello que uno se merece, jamás se conseguirá nada que te haga sentirte satisfecho y orgulloso de ti mismo.

 

La distancia entre tú y tu objetivo se acorta cada vez que te comprometes en llevar a cabo pequeñas acciones que te acerquen a él y siendo fuerte para rechazar cualquier otra opción que te aleje o perturbe durante el trayecto.

 

Si chapoteamos en el agua, no decidimos conscientemente hacia dónde queremos ir ya que solo intentaremos mantener la cabeza fuera del agua y sobrevivir, esa es nuestra única misión en ese momento. Es ahí cuando nos convertimos en la masa de gente que es dirigida por las circunstancias en lugar de por sus propios valores e inquietudes.

 

Estoy seguro de que los desafíos a los que te enfrentas actualmente en tu vida, podrían haberse evitado tomando mejores decisiones cuando aún tuviste la opción. Con esto quiero decir que reflexiones sobre lo siguiente: ¿dónde quieres estar dentro de 3, 5 y 10 años? ¿Cuáles son las decisiones que te harán conseguir tu objetivo?

 

Planifica por adelantado el itinerario, adquiere los recursos que te ayudarán y centra toda tu energía y atención sobre ello, que nada ni nadie te distraiga. Seguro que estás pensando que siempre surgen imprevistos porque no podemos controlarlo todo y en efecto, cuando un imprevisto tenga lugar, porque llegará, podrás sortearlo o enfrentarlo de la manera que menos te retrase porque ya sabrás hacia dónde vas, aunque tardes un poco más en llegar.

 

¡¡Vamos a aprender a nadar y subamos río arriba!!

 

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